Tampoco tiene que ver con mi timidez, ni con mi apatía, pereza e indiferencia (es cierto que es un escudo recomendable para estar solo, pues espanta a las chicas que revolotean alrededor).Pero cuando me propongo salir o empezar a “ligar” con alguien pongo todo de mi parte; es decir me convierto en un “gentleman” (entiéndase por esto como educado, servicial, caballeroso, modosito, detallista, el príncipe azul que todas sueñan, etc. en otros términos un autentico caballero inglés). Pues me comporto como cualquier chico interesado por la ninfa de sus sueños.

De esto pueden dar fe todas las chicas con las que he salido en mi vida ya sea a un café, pub, discoteca, karaoke (que lo odio) o algún tono; creo que ninguna tiene queja de mi caballerosidad, palabra de Blogger.
El “asunto” tiene que ver más con la mente que con la forma de conducta. No vayan a creer ahora que soy un paranoico o que sufro de trastornos mentales y bipolares que me pueden convertir en un asesino en serie.
El “problema” creo que tiene que ver con la inseguridad, la inmadurez, indecisión, prejuicios; todo esto combinado ya que no le encuentro otra explicación.
Sin embargo este “problema” no es únicamente, ni exclusivamente mío. A lo largo del transcurrir de mi vida he podido conocer a muchas personas que lo padecen (en su mayoría varones, aunque, por ahí, siempre hay excepciones).
Ojalá que algún estudiante de Sicología, o mejor, un psiquiatra, o en última estancia, un chaman, que lea este Blog me dé un diagnóstico efectivo, seguro y comprobado científicamente de lo que padezco y si tiene cura o, simplemente, es cuestión de controlarlo.

Nadie sabe de esto, a nadie se lo conté por temor de quedar en ridículo. Ni mis mejores amigos (Beto, Diego y demás secuaces) no se imaginan, que tengo esta singular “dificultad”.
No sé si catalogarlo como alguna etapa natural y normal en la vida de todo ser humano o ponerlo en el grupo de manías y perversiones.
Desde pequeño recuerdo que tenía este “problema”. Sin embargo, me percaté de ello y me empezó a preocupar recién en la pubertad, cuando tenía 10 ó 11 años, más o menos; es decir, me resultaba sumamente fácil, por decirlo así, “enamorarme” o ilusionarme con cualquier chiquilla que veía y me parecía simpática.
Me enamoraba así por así, inconscientemente y automáticamente, todo el tiempo, cada bimestre, cada semana, cada día. Y lo hacía irremediablemente, de todas, sin distinción.
De las profesoras de la escuela (sobrentendido que de las jóvenes y bellas), de las chicas bonitas del colegio (que por lo general, si es que no eran todas, estaban con chicos mucho mayores que yo), de las no tan bonitas o las llamadas “más o menos”, de las tímidas, de las calladas, de las “movidas”, de las amigas de mis hermanos, de las primas de las amigas de mis hermanos, de las rubias, pelirrojas, castañas, morochas, morenas, chinas. En fin, de todas.

No se salvaba absolutamente nadie. Ni siquiera las primas y hermanas de mis amigos (que según, ellos y yo, decíamos que eran sagradas); tampoco las gorditas del parque, del frente de mi casa, que salían a pasear a su perro, ni las hijas de la amigas de mi mamá.
Niña, adolescente, señorita que se cruzaba en la calle, en el bus o en mi destino y me parecían bellas, se convertía de inmediato en mi ideal de enamorada a la que idolatraba en infantiles sueños durante afiebradas noches en que me dormía escuchando en la radio los más ridículos, hasta llegar al extremo de ser patéticos, casos del corazón y baladas potencialmente suicidas y deprimentes en la emisora Ritmo Romántica.
Esto me traía un sinnúmero de problemas, pues yo también les caí en gracia a más de una de aquellas chiquillas que se hacían mis amigas. Pero no les gustaba que me hable con otras niñas, cosa que me parecía imposible de hacer, ya que conocer chicas era como mi “vicio” y sentía que me asfixiaba si me ponían este tipo de condiciones.
Y fue así como me gané una mala fama de “don Juan” en la escuela, en primaria. También le cogí un terror a las “formalidades” (en lo que se refiere a por ejemplo a formalizar una relación y hacerla más sería de lo que ya es; es decir, cuando son enamorados llega un momento en que uno de ellos quiere que sean reconocidos como tales entre sus amigos y familiares. Cuando llega este momento, me da una especie de alergia y siento que me asfixio.)
No obstante, este “problemita” me ayudo a ser, en alguna manera, más desenvuelto con las chicas. Claro que a la mayoría me tenía un poco de recelo por la fama que llegue a tener.
(…)
En un principio pensé que esto era normal y pasajero, que así como la pubertad, pasaría mientras iba creciendo, es más, lo consulte varias veces con sicólogos en el colegio, (no sicólogas porque temía que terminase enamorándome, irremediablemente y perdidamente de ellas), y siempre me confirmaban que pasaría.
Mientras tanto, en secundaria me fue un poco complicado convivir con mi “problema” así que reprimí mis delirios de seductor, aunque coqueteaba con todo ser femenino hasta que venía otra chica y se convertía en mi foco de atención por lo menos un mes.
Efectivamente me fue pasando; es decir, ya no me enamoraba tan fácilmente de las chicas más lindas. Creo que fui madurando un poco. Me fijaba en otras cosas como en detalles, sentimientos, afectividad. Cosas que ya escapan a lo físico.
Aunque a veces, hasta la actualidad, se me sale el “Australophitecus irracional y enamoradizo” que habita en mi inconsciente, así como un Hulk peludo, y soy capaz de bajarme del bus solo por ver a una chica bonita.
Esto sucede muy de vez en cuando; pero hay ocasiones y circunstancias que propician su escape. Por ejemplo cuando me acabo de pelear con la chica que estaba saliendo o cuando estoy mucho tiempo solo.
Por lo pronto está bien escondido y espero que se demore un buen tiempo así.
¿Ustedes que piensan? ¿Acaso también tienen algún tipo de “problemas”?
NOTAS IMPORTANTES
Quiero pedir encarecidamente que comprendan que cada vez tengo menos tiempo para escribir. Solo les pido su comprensión.
Mi proyecto personal de concretar una relación amorosa con J va viento en popa.
Me entere recién del terrible fallecimiento del poeta uruguayo Mario Benedetti. Esto enlútese las letras y la literatura latinoamericana y mundial. Como estoy próximo a mi cumpleaños (7 de junio) he decidido que será también aniversario de este rincón cibernético.
Un saludo, aunque a destiempo, por el Día de la Madre. Incluyendo, obviamente, también a varias amigas y ex amoríos que ya conocen la maternidad.
Ahora me despido con el video de la canción BEATLE de la banda argentina de punk ATAQUE 77. Disfrútenla es muy buena por la letra relacionada a un enamorador incorregible que pide encarecidamente a una de sus amantes que no lo siga más. Ya que no es su único amor. Incluye cancionero para que cantemos todos juntos.VIDEO DE LA SEMANA
Sí me pasara esto sería el hombre más feliz del mundo. Con la colaboración de mi hermano mayor y BRAHMA.